En homenaje a todas
las víctimas sirias de su guerra, como el hermano de Amjad.
Amjad es el de estas dos fotografías en momentos bien distintos. Un chico con cara de bueno como la tenga yo como dice mi profesora de religión.
Amjad es el chico de las dos fotografías. La inferior, en la que tiene un mayor aspecto bondadoso, procede del documental 'infiltrada en Siria' y los sucesos en Tadamon *, Damasco por el que lo he llegado a conocer, ya se habían producido.
Este escrito rompe con la continuidad del anterior. Debiera haber escrito sobre eclipses u homilías sobre la multiplicación de panes y peces, pero no: este post empieza con un recuerdo vago de la guerra Siria, cuyo inicio sí recuerdo en aquella llamada primavera árabe, en el que la subida de precios de los alimentos provocó protestas en muchísimos países del arco mediterráneo y Oriente Medio.
Aquello, que para mí es un recuerdo vago, fue para otros una enorme herida que aún hoy está sangrando. Y lo que tardará en cerrar.
Se estrenaba ayer en Movistar+, Infiltrada en Siria, documental que narra los hechos reales de la investigación sobre el asesinato de civiles durante la guerra de Siria.
Solo resta decir que, desde el minuto primero y hasta en la tipografía de los créditos, es un exquisito documental que sumerge al espectador en el infierno de un conflicto bélico civil, como fue nuestra guerra civil en 1936,
La infiltrada narra en primera persona la dificultad de enfrentarse a sus propias heridas y tener que sufrir una disociación para tomar contacto con éxito con el protagonista de uno de los muchos crímenes que asomaron Siria durante al menos una década.
Dicen en el documental que son veintiseis millones de sirios, y todos están bajo un trauma, si. Y debe ser cierto.
Solo alguien que sepa obrar un milagro puede curar eso.
De eso solo sabe el multiplicador de panes y peces.
16:48:30 PM 18/8/2026 AD
